Cuando llegué a Antioquia y empecé a escuchar las historias de las familias del barrio, entendí que la memoria oral es un patrimonio frágil y potente a la vez. Documentarla no es sólo grabar voces: es construir puentes entre generaciones, cuidar detalles contextuales y respetar la dignidad de quienes cuentan. Aquí comparto mi método paso a paso, con herramientas y recomendaciones prácticas que he ido puliendo en crónicas y proyectos comunitarios.
Preparación: por qué y para quién
Antes de sacar cualquier grabadora, me pregunto: ¿para qué quiero este material? ¿Es una pieza para el blog, un archivo familiar, un proyecto educativo o una investigación académica? Definir el propósito determina el formato, la duración y el tipo de consentimiento que solicitaré.
También pienso en la audiencia: si es para la familia, priorizo la emoción y los recuerdos cotidianos; si es para investigación, seré más sistemática con fechas y nombres. Comunicar claramente el uso previsto evita malentendidos y genera confianza.
Contacto y confianza: cómo invitar a alguien a contar
La memoria oral sale mejor cuando hay confianza. Yo suelo visitar primero, conversar sin grabadora y explicar el proyecto. Comparto ejemplos de entrevistas que he hecho y, si puedo, muestro el blog Antioquiasoul para que vean mi trabajo.
En la invitación explico:
Equipo mínimo y consejos técnicos
No necesitas lo último en tecnología, pero sí algo fiable. Esto es lo que llevo en mi mochila:
Antes de empezar pruebo niveles: la voz debe estar entre -12 y -6 dB para evitar saturación. Grabo un minuto de prueba y lo escucho en auriculares.
Guion flexible: preguntas que abren puertas
Siempre trabajo con una guía, no con un guion rígido. Mis preguntas buscan disparadores que evoquen detalles sensoriales y afectivos:
Evito las preguntas que piden respuestas “correctas” y favorezco las que comienzan por “háblame”, “recuerda” o “¿qué sintió cuando…?”.
Consentimiento y ética
Registro el consentimiento de forma clara. Para entrevistas públicas o proyectos digitales suelo usar un formulario escrito que incluya:
Respeto la opción de anonimato y la posibilidad de retirar material. La memoria oral implica vulnerabilidad: nunca presiono para obtener confesiones íntimas.
Durante la grabación: ambiente y técnica
Busco un lugar tranquilo, con buena luz y sin interrupciones. Me siento a la misma altura que quien cuenta; la postura importa para generar cercanía. Empiezo con preguntas fáciles y anécdotas para que la persona se acomode antes de abordar asuntos más profundos.
Si la conversación se vuelve emocional, permito silencios y doy espacio. A veces las pausas revelan más que las palabras rápidas. Si surge un dato que puede ser verificado (fechas, nombres), lo confirmo al final para no interrumpir el flujo.
Transcripción y etiquetado
Transcribir es donde el material se vuelve útil. Para agilizar, uso un mix de herramientas:
Al transcribir añado metadatos: fecha, lugar, nombres mencionados, duración, y observaciones (tono, risas, pausas significativas). Esto facilita búsquedas futuras.
Archivar y respaldar
Mi regla es 3-2-1: tres copias, en dos soportes diferentes, y una copia fuera del sitio. Por ejemplo:
| Copia 1 | Disco duro local |
| Copia 2 | Disco duro externo |
| Copia 3 | Nube (Google Drive, Dropbox o Backblaze) |
Guardo también versiones en WAV para preservación y MP3 para difusión. Mantengo una hoja de cálculo con inventario (archivo, formato, permisos, palabras clave).
Edición y publicación: conservar la voz
Al editar para un artículo o podcast, cuido no descontextualizar. Cortes que cambian el sentido o eliminan reflexiones importantes no son aceptables. Prefiero seleccionar fragmentos que mantengan la narrativa original y añadir notas que sitúen al oyente.
Si publico en el blog, acompaño el audio con transcripciones completas y fotografías (con permiso). En Antioquiasoul doy prioridad a elementos que resalten la identidad: recetas mencionadas, lugares citados o canciones tarareadas.
Compartir con la comunidad
Comparto siempre con la familia o la comunidad local antes de difusión amplia. A menudo organizo una escucha colectiva: proyectamos el audio, conversamos y recogemos correcciones o recuerdos adicionales. Eso fortalece el vínculo y enriquece el archivo.
Errores comunes y cómo evitarlos
Documentar la memoria oral es, para mí, un acto de cuidado: de las palabras, de los cuerpos que las pronuncian y de las generaciones que las recibirán. Si tienes una historia familiar que quisieras registrar, escríbeme a través del formulario del sitio; me encantaría acompañarte en el proceso y, si corresponde, publicarla en Antioquiasoul para que el alma de Antioquia siga encontrando oyentes.