Tradiciones

Cómo las máscaras de carnaval conservan memorias en pueblos de Antioquia

Cómo las máscaras de carnaval conservan memorias en pueblos de Antioquia

Desde que llegué a Antioquia, las máscaras de carnaval me dijeron cosas que no siempre se escuchan en las plazas: historias familiares, chistes locales, críticas disfrazadas y una manera de mirar el mundo que combina ironía y resistencia. He caminado por pueblos y corregimientos, he tocado cartón pintado, hojas de palma y cuero curtido; he conversado con artesanos, comparsas y abuelas que aún recuerdan la primera máscara que hicieron para un hijo. En este artículo quiero compartir cómo esas piezas —a veces pequeñas, otras monumentales— funcionan como depósitos de memoria colectiva.

¿Por qué las máscaras? ¿Qué preguntan los visitantes cuando llegamos al carnaval?

Muchos me preguntan: ¿son solo decorativas?, ¿de dónde viene ese personaje con la nariz larga? y ¿qué significan los colores? Para responder, siempre empiezo por decir que una máscara en Antioquia no es neutral. Tiene un propósito social: proteger —en sentido literal y simbólico—, nombrar faltas y alegrías, invocar ancestros o burlarse del poderoso. En pueblos como El Carmen de Viboral, Rionegro o algunos del Nordeste antioqueño, las máscaras son protagonistas del relato festivo; cada rasgo facial, cada pluma, cada grieta cuenta un capítulo de vida comunitaria.

Materiales y técnicas: memoria material

Cuando hablo con los fabricantes, me sorprende la riqueza de materiales. A veces es cartón trabajado con engrudo y pintura industrial; otras, cuero de res curtido, listones de madera y fibras vegetales. Las técnicas se transmiten por saberse: una nieta aprende de una abuela, un hermano observa al otro y luego aporta una idea moderna, como pegar luces LED o incorporar plástico reciclado.

  • Cartón y engrudo: accesible y maleable, permite transformaciones rápidas durante semanas de taller.
  • Cuero: más resistente, usado en máscaras que se conservan y heredan.
  • Fibras naturales: palma, guadua y paja para detalles que remiten al paisaje rural.
  • Materiales modernos: cintas, pinturas acrílicas, luces o repuestos industriales que reflejan la mixtura entre tradición y contemporaneidad.

Estas elecciones materiales son también decisiones de memoria: utilizar cuero puede indicar solemnidad y continuidad; usar cartón barato permite la subversión y la renovación constante.

Personajes y su significado

Un recorrido por las máscaras es como leer un libro de historia local. Algunas figuras aparecen recurrentes:

  • El Diablito: herencia del sincretismo religioso que mezcla santos, demonios y bromas paganas.
  • La Vieja: crítica social: la burla hacia costumbres o el recuerdo de una figura respetada.
  • El Zancudo o El Hombre de Palo: evocación de fiestas antiguas y juegos de calle.
  • Figuras animales: vinculación con la naturaleza y relatos del campo.

Cada pueblo le da una vuelta propia: en algunos lugares, el Diablito tiene una sonrisa socarrona; en otros, una máscara alargada que representa al patrón ausente. Interrogar estas variaciones me ha enseñado que las máscaras son una conversación entre pasado y presente, una forma de nombrar lo que interesa a la comunidad en ese momento.

Memoria oral y máscaras: relatos que se transmiten

Lo que más me conmueve es cómo las máscaras actúan como disparadores de historias orales. Al ponerte una máscara, la voz cambia, las anécdotas brotan: historias de amores prohibidos, de peleas en la plaza, de sequías y cosechas. En las entrevistas que hago para Antioquiasoul, he registrado relatos donde la máscara funciona como un testigo mudo. Una señora de San Vicente me contó que su marido no se perdía el carnaval porque allí recordaba a su padre que había sido fundador de la comparsa; otra, que una máscara antigua tenía la marca de un fuego que dejó la casa en 1962 y, sin embargo, seguía siendo usada como emblema de resistencia.

Reparación y conservación: ¿cómo se cuidan las máscaras?

Una pregunta práctica que siempre surge es: ¿cómo conservar una máscara? Las respuestas varían. Las máscaras de cuero y madera suelen limpiarse con paños secos y mantenerse en lugares secos; las de cartón se rehacen temporada a temporada. He visto talleres donde guardan moldes y bocetos como un archivo familiar, y en otros lugares una máscara se sustituye por una nueva, manteniendo el nombre del personaje aunque cambie su fisonomía. Esta alternancia también forma parte de la memoria: la tradición no es siempre conservar el objeto intacto, sino mantener el rol social que ocupa.

La máscara como herramienta política

En muchas celebraciones, la máscara permite decir lo que en el día a día sería peligroso o incómodo. Funcionan como licencia para la crítica. En algunos carnavales municipales, las comparsas utilizan máscaras para representar la corrupción local, la minería ilegal o las peleas por el agua. Vi una comparsa en la que las máscaras tenían etiquetas con nombres reales de empresas; era una forma diaria y festiva de ejercer memoria y denuncia.

¿Qué pasa con los jóvenes? Renovación y continuidad

Me interesa mucho cómo los jóvenes se apropian y reinterpretan las máscaras. Algunos prefieren máscaras digitales y performances en redes; otros combinan lo tradicional con lo contemporáneo: máscaras con altavoces que reproducen vallenato o cumbia reinterpretada, máscaras con pintura fotográfica o fotografía impresa pegada. Esto provoca debates en las mesas de café de los pueblos: ¿se pierde la tradición o se está renovando? Mi respuesta suele ser que ambas cosas ocurren: la memoria se recicla, y eso la hace más fuerte, no más débil.

Historias que me marcaron

Recuerdo una tarde en la que una niña de diez años, con una máscara demasiado grande, me explicó por qué la usaba: “Mi abuela la hizo para mi papá y ahora me dice que yo la use para que la abuela no se olvide”. En otra ocasión, un artesano me mostró un cuaderno ajado donde dibujaba diseños desde los años 70; me dijo con sencillez que sus máscaras eran mapas: “aquí está la vecina que vendía café, aquí la casa que se quemó, aquí la risa de la tía Rosita”.

Esos mapas humanos y materiales son los que intento documentar en Antioquiasoul (https://www.antioquiasoul.es): no se trata solo de fotografía o reseña, sino de escuchar las capas de memoria que la máscara guarda y cómo esas capas dialogan con el presente.

Preguntas frecuentes

  • ¿Puedo comprar una máscara tradicional? Sí, muchos artesanos venden, pero recomiendo preguntar su historia y respetar el uso comunitario: algunas máscaras son patrimoniales y no se venden.
  • ¿Cómo aprender a hacer una máscara? Participa en talleres locales; en carnavales muchas comparsas abren talleres para visitantes. Llevar materiales básicos como cartón, engrudo y pinceles es útil.
  • ¿Las máscaras tienen valor económico? Depende: algunas obras de autores reconocidos pueden alcanzar precios altos en ferias de arte; muchas son más valoradas por su carga cultural que por su precio.

Al final, la máscara es un cuerpo que habla por otros cuerpos; es memoria que se pone y se quita, y que exige ser escuchada. Seguiré recorriendo plazas y talleres para traer esas voces a este blog y para que quienes leen desde fuera del departamento comprendan que detrás de cada máscara hay una historia que merece ser contada y conservada.

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