Desde que llegué a Antioquia he sentido que la música late en muchas voces: en las esquinas, en las plazas, en los bares y en las emisoras comunitarias. En los últimos años, esas voces han cambiado de timbre y de dirección: cada vez escucho más mujeres tomando el micrófono, las consolas y los espacios de decisión. En este artículo quiero compartir lo que veo, oigo y vivo: cómo las nuevas voces femeninas están transformando la escena musical antioqueña desde la creatividad, la organización y la valentía cotidiana.
Un cambio que se percibe en el pulso
Cuando camino por Medellín, por los municipios del Valle de Aburrá o por pueblos del Oriente antioqueño, noto no solo más conciertos con liderazgo femenino, sino una calidad distinta de diálogo. Las canciones hablan de temas que antes estaban al margen: salud mental, memoria, identidades diversas, maternidades, trabajo y soberanía cultural. No es solo que haya más artistas mujeres sobre el escenario; es que las prioridades del discurso musical están cambiando.
De la periferia a la producción
Una transformación clave es que muchas voces femeninas no esperan a que el sistema las "descubra". Aprenden producción musical, ingeniera de sonido, autogestión y marketing digital. He entrevistado a jóvenes que, con una laptop y un micrófono casero, producen discos completos y los lanzan en plataformas como Spotify, Bandcamp o YouTube, acompañadas por redes locales de apoyo. Este empoderamiento técnico disminuye la dependencia de sellos y permite mensajes más auténticos.
Escena colaborativa: redes, colectivos y festivales
La escena femenina en Antioquia se organiza. Surgen colectivos que comparten salas de ensayo, promueven programación paritaria en festivales y realizan talleres de audio y gestión. Estas redes alimentan circuitos alternativos: cafés, bibliotecas, centros culturales y ferias donde las músicas prueban repertorio, se forman y se sostienen económicamente. He sido testigo de cómo una presentación pequeña en una sala comunitaria puede abrir la puerta a giras por municipios cercanos o a residencias artísticas.
Cómo lo hacen: estrategias que veo funcionar
La letra como herramienta de cambio
Las canciones son documentos sociales. Muchas compositoras antioqueñas están resignificando historias locales: rescatan mitos, cuentan el aprendizaje de las abuelas, denuncian violencias y celebran resistencias cotidianas. En mis conversaciones con creadoras, la escritura aparece como un acto de reparación y memoria. No es raro que una canción sirva luego como base para una charla en una escuela o para una intervención comunitaria.
Escenarios y espacios que importan
Los lugares donde se hace la música también están cambiando. Antes, la presencia femenina era más visible en escenarios pop o balada; hoy las mujeres dirigen propuestas en géneros diversos: electrónica, hip hop, folclore urbano, punk y fusión con sonoridades ancestrales. Espacios independientes —cafés musicales, casas culturales y salas alternativas— se han vuelto laboratorios creativos, mientras algunos festivales han empezado a comprometerse explícitamente con la equidad de género en su programación.
Impacto en la industria local
La visibilidad creciente genera repercusiones económicas y simbólicas. Manageras, programadoras y productoras emergen como protagonistas en la cadena musical, lo que cambia la toma de decisiones. He visto programaciones más diversas en términos de género y contenido, sellos locales interesados en proyectos liderados por mujeres y una mayor oferta de tarifas y contratos más justos cuando existe presión colectiva.
| Rol | Ejemplo de impacto |
|---|---|
| Artista | Reescribe la narrativa local y atrae nuevos públicos |
| Productora/ingeniera | Reduce costos de producción y democratiza acceso técnico |
| Gestora cultural | Abre circuitos y financia proyectos colectivos |
| Programadora de festivales | Mejora la paridad en carteles y visibilidad mediática |
Retos persistentes
No todo es avance lineal. Persiste la brecha de financiación, la precariedad laboral y la violencia simbólica en redes. Muchas artistas trabajan sin contratos claros, con jornadas extensas y salarios bajos. Además, la sobreexposición en redes puede llevar a vulnerabilidades: comentarios sexistas, acoso online y presión por mostrar la vida. Las respuestas incluyen formación legal, creación de fondos solidarios y redes de acompañamiento emocional.
Iniciativas que inspiran
He conocido proyectos que funcionan como ejemplo: escuelas de producción musical con enfoque de género, festivales que destinan becas para mujeres, y programas de radio comunitaria que rotan música de nuevas creadoras. También hay emprendimientos de merchandising y microfinanciación que permiten a las artistas generar ingresos directos sin intermediarios. Estas iniciativas no son siempre visibles en medios nacionales, pero son la columna vertebral de la escena.
Qué puedo hacer desde mi trabajo en Antioquiasoul
Como autora y gestora, mi compromiso es amplificar estas voces con respeto y contexto. En el blog comparto crónicas, entrevistas y reseñas que no solo celebran, sino que documentan procesos: cómo se gestó un disco, cómo se formó un colectivo, cómo se vivió una gira por municipios. También publico rutas musicales y recomendaciones para que público y programadores descubran y apoyen proyectos locales. Si tienes una propuesta o conoces una banda emergente, me interesa escucharla y ayudar a difundirla.
La transformación de la escena antioqueña es colectiva. Se hace en el estudio, en la ruta y en la asamblea; en la nota afinada y en la cuota de producción compartida. Al final, cada concierto donde una mujer ocupa el escenario deja una huella que otras podrán seguir. Y yo, desde este blog, seguiré contando esas huellas con curiosidad, cuidado y una mirada que pone en el centro la memoria y el futuro de nuestra cultura.